lunes, 4 de agosto de 2008

Should the show go on?

Antes de nada, y sintiéndolo mucho por mi escasa aunque respetadísima audiencia (algunos de sus miembros, recién estrenados :-)) comunico que me hallo en un recóndito lugar en el que no dispongo de los medios suficientes para mantener el blog al día o, lo que es lo mismo, estoy en la casa de la playa sin internet y sólo me conecto de vez en cuando, así que disculpad el poco movimiento.
Continuando con esas cosillas sobre las que reflexiono a menudo y que me producen verdadero espanto, hoy quiero tratar un tema cada vez más en boga y que me parece muy serio. No nos son ajenos los vídeos de palizas a niños o adolescentes que se graban con un móvil y, posteriormente, vuelan como los caramelos a la puerta de un colegio de un móvil a otro, o se cuelgan en youtube. Bien, he de decir que, desgraciadamente, parecen estar muy de moda últimamente, pero que cada vez que veo alguna de esas imágenes no puedo evitar estremecerme y sentir verdadero pavor hacia la especie humana. Será por el sentimiento de empatía, aunque tuve la suerte de nunca sufrir un acoso hasta tal grado, pero el asunto me tiene preocupada.
Está claro que, en toda la historia de la humanidad, siempre ha existido la violencia. Me imagino que surgiría como método de defensa; posteriormente como castigo y después como medio de imposición de ideas propias. Es el modo más explícito de lucha, y probablemente, el primer instinto que surge cuando estamos cabreados, aunque como (supuestamente) somos seres racionales, solemos controlarnos y no le pegamos un palizón a todos aquellos que nos fastidian lo más mínimo, sino me temo que estaríamos en peligro de extinción y, los que quedaran, serían unos adefesios llenos de labios rotos, moretones, cicatrices y demás. Además de la violencia en general, está claro que también han existido siempre los típicos acosos al débil de la clase por parte del incluso más prototípico matón, o pandilla de matones, o populares del curso, o llámenle X. No quiero quitarle importancia a estos acosos, al bullying; al contrario, me parece gravísimo, pero reconozco que es algo que lleva existiendo mucho tiempo. Pero esto, no. Estas palizas propinadas a compañeros de clase o vecinos del barrio buscan algo más que la paliza en sí. Buscan un espectáculo morboso y excitante para esas minorías que lo pasan de móvil en móvil y lo cuelgan en la red. Y digo minorías porque espero que lo sean, aunque las estadísticas demuestran que esos son algunos de los vídeos más visitados en la red. Se trata de algo que va más allá de la propia violencia, que ya de por sí es odiosa, son ansias de mostrarla, de resarcirse en ella. No soy una persona violenta y nunca lo he sido, pero estoy segura de que si alguna vez le pegase a alguien no me gustaría volver a verlo, como si se tratase de un programa de entretenimiento o una película de cine. Disfrutan, y lo hacen a sabiendas de las duras sanciones que se les impondrán si se les pilla: eso los hace sentir más valientes, si cabe. Todos unos rebeldes. Estos sucesos, a mi entender, ocurren por varios motivos. Es muy fácil echar la culpa a la sociedad, pero creo que sinceramente, así es. Poco hemos evolucionado desde los romanos, que arrojaban a sus gladiadores a los leones y que dedicaban el tiempo de ocio a ir al circo, que consistía precisamente en eso: unos pobres hombres luchando por sus vidas, bien fuera contra bestias, contra agua o fuego o contra otros pobres hombres que también luchaban por su vida. El problema es que ahora un niño de 10 años tiene un móvil de última generación, y no se contenta con pegarle al orejotas o al gordito de la clase, al gitano o al marroquí, sino que lo graba, y probablemente después se masturbe viendo el vídeo. Nos bombardean cada día con imágenes de muertes y tragedias, y los niños interiorizan eso aunque del modo que no deberían: en lugar de aprender a odiarlo lo toman como algo natural e incluso divertido. Las palizas grabadas son la serie más de moda; los que las propinan, los nuevos showmen. Quizás sea porque las generaciones pasadas ya vivieron demasiada violencia no deseada (hablo de guerras y posguerras) pero parece que nuestra generación, que vive bien, en el primer mundo, la busca porque no la tiene.¿Creen que ahora mismo la hermana de una de esas niñas que murieron aplastadas en una escuela de Turquía se va a poner a grabar a otra niña a la que le pega una paliza? ¿O que un niño tibetano cuyos padres sufren torturas a diario grabaría a su colega mientras muele a palos a otro chaval? Lo dudo. Me cuesta imaginarme a los niños de mi haima en el Sahara haciendo eso. Y sí, probablemente se meterán en alguna pelea. Romperán algún diente, y a ellos les pondrán un ojo morado. Pero desde luego, no la grabarán. No la difundirán. Porque eso es ir un paso más allá. Eso es, no sólo no arrepentirse, sino enorgullecerse de ello, lo cual resulta vomitivo. Y ahí, amigos, ahí es donde no sólo cuentan la sociedad, los medios de comunicación y el móvil de última generación. Ahí cuenta la educación, la que se recibe desde que se es chiquitito, ya que un chico bien educado dudo que haga eso por mucho que viva en España, en el siglo XXI, que vea la tele y que tenga móvil. Aunque, pensándolo bien, no sé yo si educando a mi hijo para que no fuera un malcriado le compraría un móvil con 10 años...

3 comentarios:

lamotta dijo...

Muy bien escrito, aunque es un tema tan delicado de abordar que no sabría exactamente qué decir. Intentémoslo.
Para empezar, bueno, decir que no creo que sea un fenómeno actual. Si has visto Asesinato en 8mm o Tesis sabrás lo que son las snuff-movies, y lo que suponen. Al final la diferencia entre las dos casi no existe.
Por otro lado...si bien la práctica que te menciono es forzosamente cosa de desajustados mentales, de la que tú hablas creo que trata más de niños cuya mentalidad aún no está del todo formada. Siendo más niño yo mismo hice cosas que ahora no se me pasaría por la cabeza hacer.
Supongo que al final de lo que se trata es de desarrollar la empatía en uno mismo, cosa que, por descontado, lo debe llevar a cabo la educación familiar y social.
El otro punto importante es, creo yo, el de la violencia. Todos los niños han matado alguna vez alguna mosca(a mí me da pena matar hasta los mosquitos, pero bueno), pero el hecho de ejercitar la violencia sobre las personas es, estaremos de acuerdo, ir un paso o dos más allá. La culpa de eso está, supongo, en la sociedad que, como bien dices, lleva ya unos años sin vivir la violencia de guerras etc. Añadámosles las pelis, cuyos personajes más molones son siempre los que más hostias untan. Hasta que deje de verse la violencia sobre el prójimo como algo para todos nocivo, quizá sigan ocurriendo cosas así.
Así que, resumiendo, diría que es una cuestión cultural(respecto al tratamiento de la violencia) y de empatía.
De paso, te diré que grabarlo no me parece tan grave. Mucho peor me parece ver el video y no hacer nada por cambiar la situación.

Y respondiendo a la pregunta del título de forma general, definitivamente, the show MUST go on.
Un abrazo, Aranchiña

NoEly dijo...

Tienes toda la razón en todo. Es muy triste que la sociedad que podriamos llamar "acomodada" halla alcanzado tal grado de aburrimiento y salvajismo que tenga que entretenerse con los vídeos de peleas y demás barbaries...
Disfruta de la playa por los que no pueden!

lamotta dijo...

Dónde estás, Aranchiña? Se te echa de menos!