jueves, 21 de enero de 2010

Días malos


Hay días malos. Días en los que no importa hacer una regresión a los quince años, llorar a lágrima viva, pedir clemencia a un cielo inerte. Porque son días malos, estás en tu derecho.
Se caracterizan por su gris lánguido, brillante, que se pega a las pupilas y se apodera de la córnea hasta volverte casi ciego. A medida que avanzan, se tornan más oscuros. Al final es de noche; sólo hay una pequeña luz, probablemente la de tu lamparilla, y tus lamentos iluminados bajo su foco.

Hay días malos. Días en los que nadie te va a salvar, porque son días malos, hace calor o frío, pero la tristeza permanece impasible.
Se caracterizan porque no recibes ningún abrazo, aunque en tus ingenuos sueños de niña llorona te imagines que así sea. No hay hadas madrinas ni discursos de ánimo a medianoche. Simplemente es un día malo, lo más seguro es que nadie se entere o no les importe.

Pero tú te sientes mal. Es un día malo.
Se caracteriza, ante todo, por su profunda soledad. Por tu reiterativo "estoy sola". Porque las mismas paredes parecen burlarse de tu situación. Porque no hay nada que atienda tus súplicas, en este mundo de películas con final feliz.

Se vomita histeria. Es un día malo.
Y sólo puedes esperar, esperar que no se repita, que sea algo aislado, aleatorio, extrínseco. Que esa espiral de miseria no te pertenezca. Que vuelvas a aprender a sonreír.

Porque ahora mismo no sabes. Es, definitivamente, un muy mal día.

1 comentario:

aida dijo...

Deseo que hoy ,día 22, sea un dia bueno.
Besos